Cualquier estrategia de marketing, por sencilla que sea, pasa por las mismas cuatro etapas. Saltarse alguna es la razón más común por la que una campaña no funciona, aunque el producto sea bueno.
1. Análisis
Entender dónde está tu negocio ahora: quién te compra, quién es tu competencia, qué está funcionando y qué no. Sin esto, cualquier decisión posterior es una apuesta a ciegas.
2. Estrategia
Con el análisis en la mano, decides qué objetivo persigues (más llamadas, más ventas online, más reconocimiento de marca) y por qué camino vas a ir. No todos los negocios necesitan lo mismo: para un despacho de abogados el objetivo suele ser confianza y llamadas; para una tienda online, ventas directas.
3. Ejecución
Poner en marcha lo decidido: optimizar la ficha de Google, publicar contenido, lanzar campañas. Es la parte más visible, pero sin las dos etapas anteriores suele ser esfuerzo mal dirigido.
4. Medición
Comprobar si funcionó de verdad: ¿subieron las llamadas?, ¿subieron las ventas?, ¿de dónde vino la gente que compró? Esta etapa alimenta el siguiente análisis — por eso las cuatro etapas forman un ciclo, no una lista que se termina.
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